Giallo, terror a la italiana

Toledo / Por Pedro José Pérez López 

El director Dario Argento, uno de los más importantes exponentes del cine GialloSe considera que el inventor  del cine “giallo” es el realizador italiano Mario Bava. El nombre, “giallo”, que en italiano significa “amarillo”, viene del color que tenían en Italia las novelas baratas de bolsillo de género de suspense, con asesinatos misteriosos y morbosos argumentos. En Italia, llaman “giallo” a todo cine de misterio, sin embargo, internacionalmente la idea que de “giallo” ha trascendido es otra más concreta: mundialmente el “giallo” es ese cine de suspense con crímenes con una forma y unas constantes muy concretas, y que comenzó a realizarse, y se realizó fundamentalmente, en Italia.

Las diferencias con todo lo realizado en el género de terror anteriormente son dos fundamentalmente: la temática y la estética. Temáticamente, en el “giallo” se presta más atención a los crímenes en sí que a la propia resolución del mismo. Se busca la truculencia y el placer estético a través de la coreografía de los asesinatos, y para ello resulta importante no escatimar en detalles ni en sangre. También es muy novedoso el punto de vista sobre esos crímenes, introduciéndose como norma general la cámara subjetiva desde la visión del asesino, y no desde la habitual perspectiva de la víctima. Se obliga al espectador a estar del lado del mando del cuchillo, y se potencian los aspectos más sádicos y morbosos de las historias.

Estéticamente, el “giallo” es aún más particular y característico, al menos en sus mejores manifestaciones. Las ambientaciones son oníricas, más puramente fantásticas de lo corriente en el cine de suspense, para lo cual la iluminación y el cromatismo son fundamentales. Si la Hammer ya hizo triunfar un terror en technicolor, el “giallo” sacará el horror de la sombra, y lo retratará bajos luces que lo harán más artístico y surrealista.

Las pesadillas del horror cinematográfico contemporáneo están coloreadas con una paleta inequívocamente italiana. Desde las primeras y modestas películas en blanco y negro hasta los sangrientos “giallos” y los orgiásticos gore de años posteriores, la escuela italiana ha producido un arte profundo y provocativo cuya influencia se deja notar por todo el mundo.
13 Hits para no perderse:

1. I Vampiri (1957): Riccardo Freda.

Un veterano director de dramas de época, creó la primera película italiana de terror moderno. Basada en la leyenda de Elizabeth Bathory, donde una duquesa cuya juventud y belleza son preservadas por un enloquecido doctor usando la sangre de víctimas femeninas.

El director de fotografía Mario Bava diseñó un look muy afectado cuyos estudiados intervalos de luces y sombras trascendieron y enfrentaron el gótico a las mentalidades contemporáneas.

 

2. La máscara del demonio (1960): Mario Bava.
En la Rusia medieval, la princesa Asa Vadja es acusada de brujería y ejecutada clavándole en el rostro una máscara con afiladas púes en el interior. Varios siglos después, dos viajeros encuentran su tumba y accidentalmente derraman sangre sobre el cadáver, devolviéndole a la vida. La bruja buscará venganza en el Príncipe Vadja y su hija Katia, descendientes del inquisidor que los condeno.

La cinta crea una perturbadora atmósfera, gracias a la maravillosa fotografía en blanco y negro (obra del propio Bava), la iluminación de las escenas, o la cuidadosa elección de los encuadres. Además, las virguerías visuales de Bava, como la utilización de agresivos picados y contrapicados, o el extravagante uso del zoom, todavía refuerzan más el barroquismo estético que destila todo el film.

3. El molino de las mujeres de piedra (1960): Georgio Ferroni.

Un joven acude a casa de un famoso escultor para realizar una investigación, y durante ese tiempo residirá a tiempo parcial en el molino donde el artista vive junto con sus criados y su hija Elfi, a la que parece querer ocultar del resto del mundo. Cuando Hans y Elfi se conocen, la extraña enfermedad que padece la joven, desencadena la tragedia y sume la vida del joven investigador en una terrible pesadilla.

Está película añade una sensualidad mórbida y aleja el terror italiano de los castillos  y lo introduce en terrenos que bordean lo surreal. Su escenario principal es un molino holandés que se asemeja a una caja de música decorado con esculturas a tamaño real que esconden cadáveres desangrados.

4. La muchacha que sabía demasiado (1962): Mario Bava.
Nora, una turista adinerada cuyas vacaciones romanas se transforman en una caótica pesadilla. Cuando es testigo de un asesinato, las autoridades dudan de su versión, menos el Dr. Bassi, que se enamora de Nora mientras esta es acechada por un asesino armado con un cuchillo. Al final, Nora, aprende que no hay que creer en todo lo que se ve, y que no se puede confiar en el ojo, tanto si es humano como si es el de una cámara.

Su argumento está estructurado, con un toque misógino, alrededor de los asesinatos de varias mujeres cuyo modo de vida las hace mujeres objeto.
Con sus asesinos fetichistas, sistemáticos y sin rostro, estas películas formaron la figura del asesino en serie en la imaginación popular, y plantaron la semilla de “Seven” (1995).

 

5. El pájaro de las plumas de cristal (1969): Dario Argento.

Atrapado por las puertas de cristal de la entrada de una galería de arte, un agotado escritor afincado en Roma con su preocupada mujer, es testigo del sangriento enfrentamiento de la propietaria, Mónica, con un hombre de negro. La policía requisa su pasaporte y el criminal atrapa su imaginación.

En el mundo de Argento, solo los artistas y los soñadores, atrapados en un eterno proceso de creación, destrucción y renacimiento, parecen capaces de seguir y comprender las huellas del crimen.

6. Rojo oscuro (1969): Dario Argento.

Durante su estancia en Roma, el pianista Marcus Daly es testigo del brutal asesinato de una vidente. Metido en la investigación junto a un periodista de ideas feministas. Daly es acechado por el misterioso criminal.  A partir de este típico comienzo, “Rojo oscuro” avanza hacia una sangrienta espiral de locura.

El argumento mezcla premoniciones y encantamientos, donde el pasado, el más vengativo de los fantasmas, persigue al presente con vicioso júbilo. La cámara se mueve nerviosa: los colores, como sugiere el título de la película, son profundos, deslumbrantes, los escenarios rozan lo imaginario.

7. Bahía de sangre (1971): Mario Bava.

Una bahía, objeto del deseo de diversos personajes ambiciosos, será el espacio fatal donde se producirá una cadena de muertes causadas por sádicos asesinatos. Al parecer, una trama de oscuros intereses es el motor que impulsa una rueda criminal implacable.

Es un anti-giallo donde la identidad del asesino es revelada en la primera escena. Lo que sigue es una demencial obra maestra de voyeurismo y violencia que sirve de punto de partida a “Viernes 13” (1980) y otras películas de adolescentes masacrados en escenarios campestres, algunas de las cuales copiaron literalmente escenas de esta.

8. La casa Dalle Finestre Che Ridono (1976): Pupi Avati.

Un joven artista es contratado para restaurar el fresco de una catedral de una apartada isla. La pintura en cuestión es una horripilante representación del martirio que fue creado por Legani “el pintor de la agonía”, que fue descubierto a su muerte. El contenido del fresco es descubierto, así como el misterio que rodea a su creador y a su aparente suicido. Las muertes se suceden, y todo apunta a que la respuesta se encuentran en la casa abandonada del título.

Un atmosférico estudio sobre el miedo, que se despliega hacia un ingenioso y memorable final. Desvelando lentamente la perversidad y el dolor que se esconden bajo la normalidad.

 

9. Suspiria (1977): Dario Argento.

La bailarina Suzy Banyon llega a la prestigiosa Tanz Akademie de Friburgo bajo una lluvia torrencial y es testigo del preludio de un doble asesinato que culmina con una orgía de sangre y cristales rotos.
Es un tenebroso cuento de hadas, donde la protagonista viaja a través de un espejo deformante hacia un mundo de alucinación y horror. La academia es un laberinto de habitaciones dentro de habitaciones donde aguardan gusanos y mares de alambre. Elevando el horror contemporáneo al reino de lo maravilloso.

 

10. Nueva York bajo el terror de los zombies (1979): Lucio Fulci.

Un barco, sin tripulación alguna, llega hasta los muelles de Nueva York. Cuando la policía entra a investigar, un zombie aparece de forma repentina y ataca a uno de ellos. Un periodista y la hija del propietario del barco llegarán hasta una isla sudamericana para averiguar lo que acontece.

Una secuela no oficial de la sangrienta “Zombi” (1979) de George A. Romero. La escena más escalofriante de la película, donde el ojo de la esposa del doctor es atravesado por una astilla, es para revolverse en el asiento.

 

11. Holocausto caníbal (1979): Ruggero Deodato.

Un equipo de documentalistas desaparece en la jungla sudamericana mientras investigan ciertos rumores sobre canibalismo en la zona. Cuando el material fílmico es rescatado somos testigos de un terrorífico viaje hacia la deshumanización y la muerte.

Deodato aprieta nervios muy sensibles; la carnicería real animales como entusiasta contrapunto a la brutal masacre fingida que desatan sus personajes: descuartizamiento de inocentes, violaciones, mutilación sexual y finalmente la reducción de la humanidad al lugar más bajo de la cadena alimenticia.

 

12. El más allá (1981): Lucio Fulci.

Una pareja debe enfrentarse a los muertos vivientes, redivivos cuando el cadáver de un pintor es descubierto en una habitación del hotel donde fue asesinado. El hotel fue construido sobre una de las siete puertas del infierno, y una ola de deshumanización y violencia se desata con él.

Ofrece una efectiva fábula sobre la represión, con un final desalentador donde Fulci evoca una sorprendente visión del más allá. Los últimos minutos se encuentran entre los momentos más memorables y conmovedores del cine de horror contemporáneo.

 

13. Mi novia es un Zombie (1994): Michele Soavi.

Francesco Dellamorte, el guardián de un cementerio donde los muertes suelen salir a pasear cada noche. Cansado de su soledad, se enamora de una apena viuda, pero el amor le hace vulnerable a la muerte y a su legión de cadáveres andantes.

Soavi aporta al género zombie una generosa dosis de humor negro y depara momentos realmente inspirados y de gran fuerza visionaria.

 

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