Memorias de México – Capítulo 6: En el centro del mundo
Lunes, septiembre 24th, 2007San Fernando de Henares / Por Luis Illana
Cuenta la leyenda que unos hombres salieron de la mítica Aztlán guiados por su dios Huitzilopochtli a la busca de una señal donde fundar su pueblo. Esos nómadas eran los aztecas y estaban comandados por un tal Tenoch. Dejaron atrás Tula, la ciudad de las estatuas gigantes (ver capítulo dos de esta serie), y después de casi dos siglos entraron en Chapultepec (un monte cercano a la actual Ciudad de México). Era un puesto privilegiado, pero Huitzilopochtli les había ordenado no detenerse en el camino hasta dar con el águila que estuviera devorando una serpiente encima de un nopal (cactus). Según las crónicas el alucinante encuentro con el águila se produjo muy cerca de Chapultepec, el 13 de marzo de 1325.
Teotihuacan, ciudad mítica. No esta aclarado del todo el significado de su nombre, podríamos traducirlo del “nahuatl” como “ciudad de dioses”. Es una planicie situada a 40 kilómetros de México D.F. Se data su construcción hacia el año 400 A.C. y su decadencia hacia el 700 D.C. Estamos pues ante una de las ciudades más antiguas de toda Mesoamérica, todo un ancestro comparada con las jóvenes Palenque o Chichen Itza. Quiénes comenzaron su edificación es un misterio. Se habla de un grupo multiétnico aún más antiguo que los nahuas, olmecas, toltecas u otomíes. Generación a generación fue levantándose una ciudad que llegó a albergar a más de 200.000 personas. Un lugar donde comercio y religión eran bases fundamentales.
Enclavada en la península de Yucatán, Chichen Itza fue la cuna de otro importante señorío maya al sureste de México, y un centro de poder cultural y político a finales del siglo IX después de Cristo. Una época donde los conflictos entre las diferentes tribus mayas exigían contar con una élite de guerreros importante. Los sacerdotes formaban otro grupo esencial, de donde se derivó el culto a Quetzalcoatl reconvirtiéndolo en Kukulkán, un dios que para el que se practicaban sacrificios. La grandeza de sus monumentos fue suficiente para terminar siendo declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. No es extraño que esta ciudad milenaria sigua siendo cita para miles de turistas año tras año, en especial durante el equinoccio de primavera.
Ciudad maya de Palenque, Chiapas, año 1952. El equipo del arqueólogo Ruz llevaba tiempo investigando en el interior de la imponente pirámide conocida como el Templo de las Inscripciones. Llevaban extraídas más de 350 toneladas de material de relleno, cuando un inesperado descubrimiento les abrió los ojos. Un laberinto. Un entramado de pasillos para confundir a los saqueadores de tumbas les conduce, tras sofocantes jornadas, a un lugar sagrado. Ruz Lhuillier fue el primer hombre que después de trece siglos contemplaba aquella maravilla. Un majestuoso sepulcro, cuya losa llevaba grabada una misteriosa imagen. Dicha imagen hoy nos sigue asombrando a lo largo de los 3.8 metros de largo y 2.20 de ancho que medía la lápida, y sus seis toneladas de peso.
¿Pero existió realmente Quetzalcoatl?
Antes de empezar, permitidme por favor un comentario, pues esta serie de artículos sobre México es en realidad una cuenta pendiente. Por un lado con mis compañeros de El Abrazo del Oso que me entienden y soportan. Y por otro lado, con el mismo México, un lugar muy especial donde te olvidas de casi todo.
Francia, siglo XVIII.