Desamor - [Galilea]
Jamás estuviste tan lejos de mi. Ni siquiera cuando no sabía de tu existencia. Y veo cómo te marchas sin querer ni poder hacer nada por romper en mil pedazos este muro de cristal que se ha erguido entre nosotros. Y mis manos se posan en él; estas manos con las que desearía arrancar de mi aquel corazón vacío que un día puse en las tuyas esperando que regresara lleno de sueños e ilusiones.
Y te veo marchar, con tu educada sonrisa adornando tu rostro; con tus ojos de paz llenos de miradas vacías en las que jamás me viste. Y en mis oídos suenan aún tus palabras llenas de mentiras que todavía creo, que quiero creer para no odiarte. Y te amo. Te amo tanto como me odio a mi misma por hacerlo. Y me odio por provocar en tí tanta desidia, tanto hastío y sobre todo… tanto cansancio por soportar sobre tus hombros la pesada carga de mi cariño.
Y te veo marchar en silencio y mis ojos no pueden apartarse de ti porque saben que será la última vez que te contemplen. Y un dolor agudo castiga mi pecho al pensarlo. Mis ojos destilan lágrimas de licor amargo que llegan hasta mis labios que aún se queman con el recuerdo de tus besos de puro hielo. Y mi cuerpo entero arde con tus caricias que aún siento, como una pasión fingida, como un amor de papel mojado que se deshace con apenas rozarlo.
Y me culpo a mi misma por verte marchar. Y me pregunto mil veces en qué te fallé. Y permanezco estática, casi inerte, con mis manos frías y las mejillas encendidas de pura rabia hacia mi misma. Y sólo acierto a entreabrir mis labios, intentando que el aire consuele esta presión, sintiéndome un pez fuera del agua, aferrándome en cada respiración a la vida, esa que te llevas en tu mirada, en tu sonrisa y en tu piel como una fina capa de polvo dorado que sacudes fácilmente.
Y te veo marchar, con tu aire bohemio e independiente, sediento de libertad, con la despreocupación acariciando tus sienes. Y un torbellino infinito de sentimientos encontrados bloquea mis sentidos. Porque te amo tanto como te odio, porque cuanto más te alejas más te quiero a mi lado, porque aunque no quiera, sólo puedo desearte suerte y dejarte ir, y verte marchar; despacio, tan despacio como me fuiste ganando y tan rápido como quisiera olvidarte, más bien, como quisiera aprender a vivir sin ti.
Y te veo marchar, y sólo puedo agradecerte que entraras en mi vida y que me dedicaras un poco de tu tiempo, que endulzaras mis sentidos llenos ahora de amargos recuerdos que quiero por siempre mantener vivos y quiero matar evitando así que sigan doliendo. Porque tus rosas tienen más espinas que pétalos; finas y agudas que me atraviesan entera para acariciarme después con su perfume haciendo que el dolor se atenúe.
Y te veo marchar, y se que debo dejarte ir y esperar solamente que si algún día lejano mi recuerdo llega a ti, sea con una sonrisa con la que lo recibas y no lo apartes de tu mente con hastío.
Y te vas, y ya apenas distingo tu figura en la lejanía. Y tu cara se me desdibuja de tanto pensarte. Y aquí me quedo, y aquí te quedas conmigo, porque siempre estarás en mi, porque siempre esperaré tu regreso, ese que nunca llegará pero que necesito creer. Y aquí te quedas, en mi mente, en mi alma, en mis labios, en mis manos, en mi piel, en mis sentidos, en mi recuerdo… en mi silencio… aquí te quedas… y… te veo marchar.