Libros: Perdonad si añoro el infierno - (Alberto García Arocas)
Madrid / Por Guillermo Arróniz
A los treinta y siete años publica su primera obra Alberto García Arocas, este requenense tan egipcio, si es posible, como el propio Terenci Moix, que en gloria nilótica descanse, aunque en el caso de Alberto la ciudad sea El Cairo y no Alejandría. Las páginas de su novela nos llevan a una urbe dentro de la urbe inmensa y caótica por excelencia, aunque haya otras. O a un sueño dentro de la gran ciudad que todo lo engulle con sus millones de habitantes corriendo hacia todas partes de forma simultánea y consecutiva (será porque la gasolina es tan barata que permite que todos los trayectos en taxi cuesten lo mismo, como apunta el propio autor).
Pocas figuras para una noche: un cura, dos españoles, un traductor homosexual chileno, dos prostitutas sudanesas y una madama que es la clave central, la piedra filosofal donde se encuentra toda la explicación, si es que la tiene, de la obra. Lo demás: chulos subsaharianos, zombies etíopes, gentes que van y que vienes, son apenas sombras. De gran peligrosidad, pero sombras.
Pero no quiero decir con todo esto que la historia no se entienda. Se entiende perfectamente y se vive intensamente. Cien páginas para relatarnos esa velada y esa madrugada increíbles para los occidentales que no hayamos pisado un lenocinio cairota. Y sin embargo todo encaja con exactitud milimétrica de científico alemán. Todo adquiere una lógica mágica, (valga la paradoja), espiritualmente africana. La intensísima ambientación nos envuelve y nos hace asumir todo como si hubiésemos fumado bango y bebido cerveza entre efluvios inidentificables, olores de otros mundos más intrincados que el propio Más Allá y sus preguntas.
Se echa en falta una puesta de sol más lenta para la última página, un remate que fuera más allá de contarnos el futuro de forma tan rápida tras habernos arrastrado de forma deliciosamente pausada por unas horas en las que el tiempo no ha existido, y si lo ha hecho ha sido a golpe de emociones entre el sexo y la muerte, el miedo y la magia (por darle un nombre a aquello que nuestro raciocinio no es capaz de explicar).
Este autor, de carga vivencial muy rica, comparte con los lectores una sabiduría sobre el mundo árabe y ese ritmo de vida ajeno al nuestro… y sin embargo igualmente humano y por supuesto, y por lo tanto, mucho más allá de lo material.
“Nos había costado algo más de media hora recorrer los escasos treinta metros que separaban el coche de la entrada al local, pero era evidente que el ‘via crucis’ psicológico por el que habíamos ido desfilando con paso de costalero en devota procesión formaba parte esencial del encanto de aquel lugar”. Página 39.
“Entonces caí en la cuenta de que, si ya no quedaban cataratas, afluentes, ríos ni países por descubrir en el continente africano, morir a manos de unos rebeldes sudaneses en aquel burdel inmisericorde de Egipto no era un final tan malo”. Páginas 57-58.
Sorprende esta capacidad para enganchar al lector con independencia de que el tema de la obra sea de su agrado o no, de que conozca la capital egipcia o de que jamás haya pisado tierra árabe. Porque lo que consigue alcanzar calidad es el orden cadencioso de esas palabras que, aunque alguna vez erróneas o imprecisas, marcan la aventura agitada y dilatada. Y porque aquello que se nos revela es inmensamente provocador. Se abre la ronda de dudas: ¿existe un mundo así? ¿Cuántas dimensiones caben en el hombre? Y, sobre todo: ¿existen la lógica y la razón en el interior del ser humano… o sólo cree que existen porque esto facilita su existencia?
Si bien la juventud literaria de Alberto le hace caer en errores o discursos algo encajonados, o términos equívocos, hay material suficiente para pensar en un escritor de casta con muchos relatos por contar que pueden encontrar formatos emocionantes y bien resueltos y resultaría esperanzador que no hubiera agotado, con esta entrega, el pozo de sabidurías que sin duda han dejado en su piel las experiencias norteafricanas.
La historia, apropiada para un sueño de siesta en mitad del desierto seco, abrasador y mortal, nos invita a conocer a su autor, a preguntarle por esas experiencias en el país del Nilo y la evolución de su forma de pensar como conscuencia de este gran choque cultural.
Por instantes inquietante. Por momentos, desgraciadamente corta.
Perdonad si añoro el infierno está publicada por Hipocampo. Más información en www.pazuzu.es