Artículos: Relatos radiofónicos – [Luis Illana]

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Relatos Radiofónicos - (Luis Illana)Cuando hacemos un cuento de terror para la radio hay que tener presentes tres factores decisivos: la construcción del relato, la música y la entonación del locutor. Cualquiera de estos tres factores resulta imprescindible para que lleguemos a buen puerto o naufraguemos. Desde luego que también entran en juego valores subjetivos que personalizan el trabajo de cada uno.

Por ejemplo en mi caso, que soy un escritor impulsivo (que no compulsivo), me gusta que los relatos ya empiecen con un empujón que pille de sorpresa al oyente. Puede ser un flashback, un detalle del final del cuento, que no permita al oyente entrar cómodo en situación, sino que le enganche desde el principio. Si  lo conseguimos, tenemos buena parte del éxito en las manos. Un sabio del cine dijo que las pelis debían empezar con un terremoto para luego ir subiendo. Totalmente de acuerdo.  Además el cuento en la radio suele ser breve, y  en poco tiempo precisamos transmitir sensaciones intensas y directas.

CONSTRUCCIÓN DEL RELATO I: No se puede volver atrás.-

En la recepción, el oyente no está en la posición del lector, es decir, no puede volver atrás  y releer algo que no ha entendido. Por tanto huiremos de las frases demasiado largas, oraciones de relativo entre un bosque de “comas”, etc. En su mayoría nuestras frases han de ser cortas, muy claras, ricas en adjetivos que den sonoridad y dibujo  a la situación. Para hacernos a la idea…¡la radio en color!. Además es muy importante en este género contar con la complicidad del oyente, y si le agobiamos con frases complicadas o pomposas, conseguiremos que se canse.

En mi opinión la estructura de inicio, nudo y desenlace siempre hay que respetarla, pero en segundo plano podemos jugar con esta idea clásica. Lo que decíamos antes, en vez de comenzar poco a poco como el motor de un coche arrancando, lo ponemos a 100 en cinco segundos. ¿Cómo? Empezando el relato con una persecución, la aparición de un cadáver, un sobresalto en el sueño. O también impone una advertencia de lo que va a venir a continuación, resultará muy efectiva: un extraño silbido de serpiente tras un muro y una voz que dice “preste atención y le contaré cómo llegó a esto”. Es una forma de crear interés e inquietud en el oyente desde el principio.

Siempre hay que adaptar algunos detalles si llevamos a la radio un cuento escrito inicialmente para ser leído. Las situaciones lector / oyente ya hemos visto que son distintas. No por ello estamos traicionando el original. Hay que pensar que si Poe hubiera escrito para la radio también habría tenido en cuenta este factor. O como lo hizo magistralmente Orson Welles  en su versión radiofónica de La Guerra de los Mundos de H.G. Wells. Aunque Orson pudo contar con más  libertad  creativa al ser un relato más largo. ¡Y ya sabéis la que formó!

CONSTRUCCIÓN DEL RELATO II: el desarrollo del drama.

Si hemos empezado enganchando al oyente, no podemos permitir aflojarle la cuerda. Pero démosle de comer poco a poco, je je, con cucharadas de información. Hay quien se obsesiona detallando cómo son físicamente los personajes, si son altos, con la nariz aguileña, y demás. Mira, si esos datos no son fundamentales en la narración, pásalos por alto. Si hay una chica perdida dentro de un coche, en un bosque de madrugada, con niebla y aullidos a lo lejos…, al oyente le va a importar un comino si va vestida de Zara o lleva mechas en el pelo. Eso sí, si el miedo le hace sudar y una gotita de rimel baja por su mejilla  ¡¡cuéntalo desgraciado!! Pero no lo decores diciendo “ese mismo rimel que se había comprado horas antes en El Corte…”. Eso no le importa a nadie, y parece que estemos haciendo publicidad encubierta.

Hay que ir desgranando el pasado del personaje o de la situación a la que ha llegado. Y si no lo tuviera, haremos que lo tenga. Los matices psicológicos siempre son muy interesantes, y además reconozcamos que todos somos muy cotillas. Nos da morbo conocer la parte oscura del vecino. Hemos huido de algo malo para meternos en algo peor. No podemos salir de ese cuarto oscuro, y mientras, en la noche,  sin luz, vamos sacando todos los fantasmas de nuestro pasado. Los complejos, los traumas, el rechazo. O estamos huyendo de alguien que nos persigue con un destornillador en la mano, que resulta ser el mismo tipo con el que momentos antes nos dábamos el lote en un 4 x 4. Debemos pues buscar los detalles que aumenten la tensión del momento, o que informen al oyente del desarrollo de un misterio que pasa de impenetrable a tener sentido.

Y para ese aumento de adrenalina hay que cuidar el ritmo del relato. No te preocupes en combinar frases con palabras sueltas, separadas por “puntos y seguido”. Por ejemplo: “Miraba a todos lados con recelo. Inquieta. Atormentada. Pero su desprotegida espalda…”. El ritmo del relato sería como las pinceladas de un cuadro. Puede ser suave, un azul de Murillo. O rabioso, profundo. Y tendremos un azul de Van Gogh. El cómplice perfecto para ayudarnos con el ritmo será la música, pero eso lo veremos luego.

CONSTRUCCIÓN DEL RELATO III: manejo de información y clímax.

Las descripciones y la información previa tendrán su límite. Cuanto más cerca estemos del clímax, al oyente le importarán los hechos en presente inmediato. Pero todavía jugamos con un elemento sorpresa: la parte desconocida que hemos mantenido oculta a propósito. Nuestro as en la manga. ¿Cómo podemos ser algo tramposos? Es simple, manejando la información. En nuestro avituallamiento del receptor (recordar las cucharadas), hemos suministrado a conveniencia las vitaminas. Y según el menú, podemos tener al oyente en cuatro situaciones: a) sabe lo que sabe también el protagonista; b) sabe lo que desconoce el protagonista y lo que le espera…; c) no sabe aún algo que en cambio sí sabe el protagonista; d) se mantienen ambos en la ignorancia de lo que hay del otro lado de esa verja que a punto estamos de abrir.

Todas esas posiciones frente a la trama son interesantes. Pero hay que tenerlas muy claras antes de escribir pues afectan al suspense del relato. En estos casos, si queremos tener al oyente “incómodo” y “enganchado” son preferibles las opciones “b” y “c”. Y si lo que pretendemos conseguir es un golpe de efecto importante al final del relato, elegiremos la opción “d”. Personalmente os sugiero que guardemos cuidado con la opción “a”, pues mal utilizada le daríamos todo masticado al oyente, y el cuento acabará resultando predecible y aburrido.

¡Ánimo!. Si hemos manejado estos argumentos básicos correctamente, y otros personales y subjetivos que cada uno ponga de su cosecha, tendremos al receptor donde queremos llevarle. Y aunque algo inquieto, se lo estará pasando…de muerte. Os lo aseguro.

MÚSICA Y VOZ: Por unos minutos, hacer creíble lo imposible.-

El cine y la televisión cuentan con la imagen como aliado perfecto y sustancial. La prensa con la posibilidad de releer la información cuantas veces quieras en un soporte manejable. ¿Y la radio? Ya lo decíamos antes, el problema es la inmediatez, el mensaje se evapora en las ondas, no hay vuelta atrás. OK, juguemos con los factores que están de nuestro lado.

Hay quien piensa que la música en la radio equivale a la imagen en la tele. ¡Y qué razón tiene! Buena parte del estado anímico del oyente vendrá dado por la música que acompañe al relato, como un colchón. Haced el experimento en casa, es muy simple y clarificador. Leed una estrofa de vuestro cuento de terror favorito con una música cuyo ritmo o presencia consideréis equivocada. Causará risa o incredulidad. Si esto sucede en directo en la emisora, estaremos pisando suelo minado.

Es fundamental adecuar el ritmo de la música al ritmo de los acontecimientos en el relato. Por supuesto debemos conocer nuestros discos, o nuestra música en Mp3 para hacerla cómplice de las palabras. Tenerlos bien empollados.

Por último, la entonación del locutor es igualmente fundamental. Ya podremos contar con el mejor relato, los tiempos medidos a la perfección, y la música ideal entrando en el momento justo, que si la locutora o el locutor equivoca el tono de su voz, hará que el momento pierda toda su intensidad. Ya no hablamos de una voz bonita o interesante, sino de la profundidad. Las palabras hay que paladearlas si queremos darles matiz, en especial los adjetivos. Ni el Dj puede poner tono de “suspense” presentando un reggeaton ni el locutor puede meter a Jonathan HarKer en el castillo de Drácula como el que anuncia una discoteca.

El misterio tiene unas pausas, una cadencia, iremos poniéndole voz a ese ritmo, a esas comas, a esos puntos y seguido, como el que hace una autopsia. Tienes que actuar. El locutor se transforma en actor, con el peligro de la sobreactuación. Aunque es preferible sobreactuar un poco que narrar la resurrección de Frankenstein como en Operación Triunfo.

Y a partir de aquí…

Ya cada cual tiene sus secretillos. El que antes ha escrito, el que adapta, el que elige la música, el que lo lee y el que pincha el disco… Como a buen seguro, el oyente también tendrá sus armas. Una habitación con poca luz, un café, un sillón confortable, o bien arropado en la cama. Me juego el cuello a que muchas veces habéis estado en alguna de esas situaciones, en un bando o en otro. Pero os animo a que las probéis todas.

Vampíricos saludos.

5 Respuesta a “Artículos: Relatos radiofónicos – [Luis Illana]”

  1. sky Dice:

    Y que luego no decaiga!

  2. Williams Dice:

    Me gustó como definiste todos los temas para la construccion del relato radiofonico pero de igual forma me gustaria saber en cunclucion como se define un RELATO RADIOFONICO.. GRACIAS

  3. Laura Rguez Dice:

    Muy bueno el artículo. Me ha servido mucho para el primer relato que he adaptado. ¡Gracias!

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  5. ¿Opinión en radio?. Columnas radiales. | Dice:

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