Libros: El pintor de Flandes - (Rosa Ribas)

Madrid / Por Guillermo Arróniz

El Pintor de Flandes - (Rosa Ribas)En boca de un prestigioso escritor y periodista de nuestros días se quedaba la palabra engendro (con todos los respetos pronunciada) al hablar del género de la novela histórica. Por su carácter de mixtificación donde todo vale. Es cierto. Y las obras que son clasificadas como tales parecen desprender un tufillo a mala literatura (sea ello lo que fuere) a mamotreto de relatos sin respeto por la Historia, ni pudor por presentar como cierto lo más abracadabrante y falto de sentido.

Sin embargo también pueden contener numerosos valores y ser abordadas con la conciencia de ficción ambientada, lo que provoca, cuando la obra es buena, no pocos placeres. Y estos los produce, sin duda, El pintor de Flandes, primera novela de Rosa Ribas, que alcanzó la edición de bolsillo un año después de su aparición en las librerías.

Rosa RibasPor lo mismo, sin duda, y siendo notorio lo muy dado a ellos que era, hubiera quizá gustado al conde de Villamediana, Juan de Tassis (o Tarsis), cuyos versos rescata de cierto olvido, y cuya persona constituye el principal atractivo (si no el protagonista) de la obra. Se pinta su retrato con ágiles palabras que saben degustar el detenimiento sin caer en el vicio de la pesadez; que son exactas sin mancharse con la prolijidad, que tienen sus leves momentos dramáticos sin teñirse de farsa. La autora tiene un buen hacer con la lengua española. La usa muy convenientemente y sabe dar los toques arcaizantes justos para que las páginas destilen sabor sin dejar de ser una historia de gusto contemporáneo.

La terminología pictórica que utilizamos no es casual: la obra versa sobre un cuadro: La degollación de San Juan Bautista, que se encuentra hoy en el Museo del Prado, de extraordinarias dimensiones (10 x 3 metros) y su supuesto uso en un complot de corte urdido por el conde. ¿Representa este lienzo realmente a reyes y poderosos de su época? La teoría va más allá de la especulación de la escritora: está sustentada en un estudio familiar sobre el que asaltan las ganas de la lectura al poco de conocer su existencia.

En este libro aparecen un hermanastro de Van Dyck, posible hijo de Rubens, alusiones a leyendas poco probables, amoríos inconfesables, baños “moros”, Felipe IV, el conde-duque de Olivares, hechos históricos como el fuego del teatro de Aranjuez… sin mayor premisa que la verosimilitud, que se alcanza a través de una documentación amplia, concienzuda y profunda (pues no se contenta con los tipismos y ahonda en detalles y escritos de la época) y a la virtud de saber plasmar por momentos ese ambiente del siglo XVII con pinceladas precisas aquí y allá. Y no es poco. La historia engancha, el olor del cocido llega hasta nuestra nariz, la trama está bien resuelta, el final se alcanza en su momento justo y a un ritmo narrativo impecable, el trabajo es bueno y El pintor de Flandes se disfruta magníficamente, dejando entrever a ese personaje fascinante que fue el conde de Villamediana (comprador y admirador de la obra de Caravaggio) y su mundo de lujos, actitudes sorprendentes y bruscas y capacidad ilimitada de zaherir y ridiculizar a Grandes y a chicos.

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