Archivo de marzo, 2010

Entre las manos – [Laura Escuela]

Lunes, marzo 8th, 2010

Entre la manos - (Laura Escuela)No te encierra el horizonte

como a las líneas de los mapas

no te tengo entre las manos

con la dosis exacta que marcan los prospectos

ni con el desorden hondo de tu pelo mojado

no te tengo entre las manos

me aturde la quietud de las baldosas

pareciera que en tu presencia

palpitaran las alfombras y los cuadros

flamearan las mesas y las sombras

pero se ha acabado el té

no te guarda el aroma de las tazas

me acosa la inercia de las horas en las venas

te vas y es como si jamás hubieras existido

no te tengo entre las manos

y me trago el aire como antes tu saliva

apuro todos los vasos en los que vertiste tus noches

desato mi ropa

amordazada de frío

y apuntan todas las flechas al vacío de mi estómago

a mis ojos desnudos

oprimidos

tras todos los dedos que me sobran

si no tengo tus manos

El Limpiabotas – [Pedro José Pérez]

Miércoles, marzo 3rd, 2010

Foto: Natalia Perez Angulo - www.mundofotos.net/usuario/nostalgicaDon Jacinto Viruela Merchante recorría las calles de Madrid después de muchos años de ausencia. Años donde el mundo era pequeño para él. Londres, New York, París, Estambul, Doha, Ottawa, Chicago… multitud de ciudades escrutadas por sus pies, horizontes eternos de penumbra en su paraíso personal. Este deambular sinfín le hacía cada vez más lejano a sí mismo, siempre estuvo esperando el momento exacto en que ahora se encontraba, deslizándose por las aceras de su grato corazón, compartiendo sus bocanadas de oxígeno con sus antiguos convecinos. Aquí todo comenzó.

Llega al punto neurálgico de la capital, al kilómetro cero, las lágrimas lacrimales empiezan a secretarse continuamente por sus ojos, saca un pañuelo, su pañuelo de lino de la suerte, y se los limpia mientras sus recuerdos empiezan a acudir a su imaginación para trasladarle 50 años atrás.

Madrid. Año 1959. Sus calles céntricas son un continuo ajetreo de viandantes y devenir de Seat 600. Estamos en la calle Gran Vía esquina con Chinchilla, apoyado en la pared con un pie en la banqueta, con la boina cayéndole tímidamente hacia delante, sus manos callosas llenas de betún -en la derecha un viejo cepillo con las púas destrozadas por el intenso uso y su vetusta bayeta en la mano izquierda- sobresale la lánguida figura de Jacinto, esperando la entrada en acción, la salida de la toma del vermú de los señoritos.

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