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	<title>Taller-literario</title>
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	<description>El taller Literario del programa El Abrazo del Oso</description>
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		<title>Rebeca &#8211; [Eduardo Moreno]</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Aug 2011 08:34:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>info</dc:creator>
				<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[Tiene veintitres años y las manos apretadas, la derecha sobre la izquierda. Unas grandes gafas distorsionan los ojos fijos en una memoria casi vacía. El ruido de la máquina de escribir le hace golpear con la pierna izquierda sobre el piso. Ni siquiera es una niña, no tuvo derecho a ello. Nunca tuvo muy claro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image227" title="Rebeca - (Eduardo Moreno)" alt="Rebeca - (Eduardo Moreno)" src="http://elabrazodeloso.es/taller-literario/wp-content/disco.jpg" align="right" />Tiene veintitres años y las manos apretadas, la derecha sobre la izquierda. Unas grandes gafas distorsionan los ojos fijos en una memoria casi vacía. El ruido de la máquina de escribir le hace golpear con la pierna izquierda sobre el piso. Ni siquiera es una niña, no tuvo derecho a ello. Nunca tuvo muy claro que era aquello. Niña. Para su madre. Le acomoda la blusa, le sube un poco las mangas del jersey claro de lana.</p>
<p>- Amor, doctor. Eso nunca le falta. Ceo que eso sí que lo entiende. Bueno, no lo creo, lo sé. Lo noto. Aunque ese jilguero de ahí, en su jaula, tenga más inteligencia que ella. Aunque esa planta que usted riega cada día con cariño tenga más vida.</p>
<p>- No diga eso mujer. &#8211; Le replica el médico tras su cerrada barba. &#8211; Nadie mejor que su madre puede saber cuánta vida alberga su hija.</p>
<p>- Es inútil doctor. Comprendo su interés. Pero son muchos años así. Parece que nunca podrá salir de ella nada inteligente, nada bello siquiera, más allá de lo que entiende mi corazón. Con eso me basta. No malgaste su tiempo. Otros muchos le necesitarán, les servirá de algo más.</p>
<p><span id="more-226"></span>- Créame querida amiga. Sé que para su corazón esto no es necesario, pero me gustaría que también sus ojos, su razón, lo pudieran ver.</p>
<p>La boca torcida en un gesto patético. La tristeza grabada en sus ojos inertes. La rigidez en cada uno de sus miembros postrados en la silla. Imagen del tiempo vencido. El doctor separa sus manos y las coge con fuerza. Ella se resiste, bloqueada, atada a la silla y a su destino.</p>
<p>- Lo ve doctor, es como un muñeco de madera mal engrasado. No puede resistirse a una decisión de Dios.</p>
<p>El médico deja sus manos inertes sobre el regazo y se acerca al mueble del despacho. Extrae de su funda un viejo disco de vinilo y lo introduce en el tocadiscos. La aguja cae sobre él con un ruido sordo que se convierte en un ciclo de golpeteos. Al fin un piano llena el ambiente. El jilguero comienza a saltar en su jaula de una a otra barra hasta que se acomoda.</p>
<p>De forma imperceptible el gesto de la chica se relaja. El doctor se acerca de nuevo a ella y vuelve a tomarla de las manos. Ahora sujetan firmemente a las del médico quien tira suavemente de ella. Con naturalidad, la chica se pone de pie junto a a él. El doctor retira sus gafas y le suelta el pelo. Al dejar el pasador y las gafas sobre la mesa, su brazo izquierdo, agarrado a la mano derecha de ella, forma un arco, un escorzo que llama la atención de la chica. Su rostro, con el suave piano de fondo, se transforma en gozo.</p>
<p>Al acercarse de nuevo el médico, ella rodea su cuello con las manos y comienzan a bailar. A bailar como dos bailarines lo harían en cualquier salón de un mundo que no les pertenece. Al girar, el pelo se mece acariciando sus hombros y disfruta. Su madre observa la escena sin moverse, con los ojos muy abiertos, húmedos. El doctor, a cada vuelta, la mira con un gesto cálido. Sonriendo.</p>
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		<title>Despertar &#8211; [Eduardo Moreno]</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Apr 2011 10:31:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>info</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Un claroscuro, entre las sábanas. Un claroscuro de espuma que llena de alma la boca, que llena de duda el futuro, de piedras. Un claroscuro, de carne, de tela, de lluvia, que enturbia las cosas que las inunda. Un claroscuro, de manos, de uñas… que llena de hoy el mañana si tú existieras. Voy a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image224" title="Despertar - (Eduardo Moreno)" style="width: 307px; height: 352px" height="352" alt="Despertar - (Eduardo Moreno)" src="http://elabrazodeloso.es/taller-literario/wp-content/despertarp.jpg" width="307" align="right" />Un claroscuro,<br />
entre las sábanas.<br />
Un claroscuro de espuma<br />
que llena de alma la boca,<br />
que llena de duda el futuro, de piedras.<br />
Un claroscuro, de carne, de tela, de lluvia,<br />
que enturbia las cosas<br />
que las inunda.<br />
Un claroscuro, de manos, de uñas…<br />
que llena de hoy el mañana si tú existieras.</p>
<p>Voy a sembrar de espejos la ribera<br />
para encerrar el curso entero de tu reflejo<br />
para abrazarte entera con esta tierra.<br />
Voy a cubrir de piel toda esta espera<br />
mientras el río se convierte en viejo,<br />
mientras tu tacto irreal aún estremece,<br />
mientras el sueño se me desteje<br />
con esta luz que ahora me ciega.</p>
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		<title>Borgianos. Epitafios y nanorrelatos. Una obra de Guillermo Arróniz en descarga gratuita desde El Abrazo del Oso.</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Mar 2011 13:37:05 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Descarga directa de Borgianos. Epitafios y nanorrelatos pinchando en la portada. Borgianos. Epitafios y nanorrelatos es una colección de relatos muy muy breves de carácter histórico (¿la primera del género?). Está ambientado en la época del Renacimiento Italiano marcado por los Borgia, fundamentalmente 1450-1510. Y algunas de las anécdotas son reales según la Historia oficial, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Descarga directa de<em> Borgianos. Epitafios y nanorrelatos</em> pinchando en la portada.</p>
<p style="text-align: justify;"><em><a title="Descarga directa de Borgianos. Epitafios y nanorrelatos de Guillermo Arróniz." href="http://www.archive.org/stream/Borgianos/Borgianos_nanorrelatosYEpitafios_pdf#page/n0/mode/2up" target="_blank"><img class="alignleft size-full wp-image-775" style="width: 340px; height: 465px;" title="Borgianos" src="http://elabrazodeloso.es/wordpress/wp-content/Borgianos.jpg" alt="Borgianos" width="340" height="465" align="left" /></a></em><em>Borgianos. Epitafios y nanorrelatos </em>es una colección de relatos muy muy breves de carácter histórico (¿la primera del género?)<em>. </em>Está ambientado en la época del Renacimiento Italiano marcado por los Borgia, fundamentalmente 1450-1510. Y algunas de las anécdotas son reales según la Historia oficial, y otras son invenciones del autor basadas en el espíritu de la época. Eso se especifica al final de cada uno, ya que ficción y supuesta realidad quedan mezcladas, como si el escritor quisiera lanzar el mensaje de que es una cuestión de fe lo de creer lo que nos cuentan que fue la Historia, y que las revisiones de los personajes y las épocas que son &#8220;conocidos&#8221; por todos son cada vez más frecuentes.</p>
<p style="text-align: justify;">Borgianos. Epitafios y nanorrelatos es una colección de relatos muy muy breves de carácter histórico (¿la primera del género?). El libro, de sesenta y seis nanorrelatos, viene precedido por una portada diseñada por Eduardo Fernández , utilizando como punto de partida un cuadro de Bronzino.</p>
<p style="text-align: justify;">El autor quiere agradecer tanto a Eduardo Fernández como a todo el equipo de El abrazo del oso, que hayan colaborado gratuitamente para poder publicar en la Web esta colección de obsesiones a la que podréis acceder todos con un ordenador y una conexión a Internet. Y, siguiendo el ejemplo de Nuria Rita Sebastián con su revista cultural Iguazú, el libro se podrá descargar sin coste alguno, aunque aquellos que queráis podéis donar un euro, que se destinará íntegramente -junto con los otros euros recaudados- a un Comedor de Beneficencia, por aquello de limpiar la &#8220;sucia&#8221; memoria de los Borgia. Un ramalazo romántico y decadentista, pero bienintencionado. Nadie sacará beneficio económico alguno: ni la radio, ni el ilustrador de la portada, ni el autor.</p>
<p style="text-align: justify;">En palabras del autor Guillermo Arróniz López: &#8220;Después de ocho años de leer las mismas historias matizadas de los Borgia (los más famosos y los menos) me atrevo al fin con la ficción y con sus vidas, presentándolas como pequeñas píldoras de dosis concentradas. En ellas va polvo de perla y unas gotas de sangre. Digeridlas&#8230; ¡si podéis!&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">Para ampliar información, contactar con el autor o realizar las aportaciones económicas poneos en contacto con El Abrazo del Oso: <a href="mailto:correo@elabrazodeloso.es">correo@elabrazodeloso.es</a></p>
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		<title>OMC Radio en peligro de cierre</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Sep 2010 23:13:58 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[OMC Radio, la casa que da cobijo radiofónico a nuestro espacio El Abrazo del Oso, puede cerrar sus puertas en los próximos meses. La crisis y el recorte en las subvenciones de fondo público, han puesto a OMC Radio y a los proyectos que engloba en una situación al borde del cierre. OMC Radio nació [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image221" title="OMC Radio, nuestro hogar." alt="OMC Radio, nuestro hogar." src="http://elabrazodeloso.es/taller-literario/wp-content/logoomc.jpg" align="left" />OMC Radio, la casa que da cobijo radiofónico a nuestro espacio El Abrazo del Oso, puede cerrar sus puertas en los próximos meses. La crisis y el recorte en las subvenciones de fondo público, han puesto a OMC Radio y a los proyectos que engloba en una situación al borde del cierre.</p>
<p>OMC Radio nació hace casi 25 años con el nombre que aún hoy da sentido a sus siglas, Onda Merlín Comunitaria. Surgió en los años ochenta, en plena época dorada de las radios libres, con el fin de llenar el hueco que siempre dejan las instituciones en las zonas menos favorecidas de las grandes ciudades. Veinte años después se había asentado ya como un nexo de unión para la juventud del barrio y como una organización más en el entramado social y de participación de la zona sur de Madrid. Su espíritu alejado del ánimo comercial y muy cercano a la sensibilidad de la gente de la calle, convirtió a nuestra radio, como a muchas otras emisoras hermanas, en algo mucho más grande y ambicioso que la simple actividad radiofónica que conocéis.</p>
<p>Son muchas las actividades, colaboraciones, proyectos e iniciativas de caracter social y lúdico que ha hecho posible la gente de OMC Radio, siempre sin ánimo de lucro, y con la libertad de no depender más que del esfuerzo de sus asociados y de las subvenciones económicas que por ley han de otorgar los gobiernos municipal y autonómico a las entidades de valor social. Hoy, con las limitaciones que está imponiendo el sistema económico en el que todos nos movemos, estas ayudas económicas se han recortado de forma significativa, afectando gravemente al funcionamiento de OMC Radio y otras entidades similares, y poniendo en peligro su viabilidad tal y como la entendemos hoy. Si no cambian las circunstancias actuales, OMC Radio se vería obligada a cerrar sus puertas en unos meses, dejando sin lugar decenas de proyectos que ya estaban en marcha y programas como El Abrazo del Oso con más de catorce años de existencia.</p>
<p>Es difícil entender nuestro programa sin Onda Merlín, y queremos aportar nuestro esfuerzo en esta lucha que ahora comienza por salvar la entidad, nuestra casa. Cualquier apoyo que vosotros, nuestros lectores y oyentes, podáis poner sobre la mesa hará más probable el éxito de esta nueva aventura, dándole eco a esta situación o siendo parte de este proyecto como socios de OMC Radio. En cualquier caso empieza un nuevo reto, vamos a tener el común objetivo de conseguir que OMC Radio se mantenga a flote y nos permita seguir embarcados a todos, tanto los que estáis al otro lado de las ondas, como los que estamos a éste, en una realidad con casi quince años de edad como es El Abrazo del Oso.</p>
<p>Si quieres informarte en persona de los datos que acabamos de aportar o de las maneras que existen de apoyar a nuestra emisora, no dudes en visitar su web y ponerte en contacto con su gente en <a href="http://www.omcradio.org/">www.omcradio.org</a></p>
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		<title>Para que un día llegaras &#8211; [Laura Escuela]</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Sep 2010 14:21:21 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Para que un día llegaras destensé todas las cuerdas las tizné y desafiné con cuidado tibia y urgente en cada nota que deformaba tu nombre Con la sangre a medias y la tinta seca alcé un rebaño de luces desde mis pobres días que te siguiera siempre allá donde quedaras diminuto y débil para que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image219" title="Para que un día llegaras - (Laura Escuela)" style="width: 260px; height: 307px" height="307" alt="Para que un día llegaras - (Laura Escuela)" src="http://elabrazodeloso.es/taller-literario/wp-content/para%20que%20tu%20llegaras.jpg" width="260" align="right" />Para que un día llegaras destensé todas las cuerdas<br />
las tizné y desafiné<br />
con cuidado<br />
tibia y urgente en cada nota que deformaba tu nombre<br />
Con la sangre a medias y la tinta seca<br />
alcé un rebaño de luces desde mis pobres días<br />
que te siguiera siempre allá donde quedaras<br />
diminuto y débil<br />
para que lloraras tus dolores desde mi lluvia vieja<br />
para que la bruma de esta ciudad que te entristece<br />
te persiguiera inquieta y persistente<br />
y recordaras que en la tristeza está tu casa<br />
que te espera<br />
radiante y húmeda<br />
para que tomes entre tus manos su rostro<br />
que es mi cuerpo<br />
y hagamos un amor de invierno enrarecido<br />
sobre esta hierba en que nunca dejamos de ser<br />
recién llegados</p>
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		<title>Los niños de las tumbas &#8211; [Luis Illana]</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Apr 2010 14:30:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>info</dc:creator>
				<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[Había un rebullir en el pequeño cementerio, en el ala más antigua, donde los rayos de la luna y el polvo eléctrico nocturno resbalaban como una lengua contra las tumbas y los panteones más decrépitos. Aquellos que, recomidos por la hiedra seca, la erosión de los insectos, la herrumbre y la descomposición del tiempo, fabricaban [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image217" title="Los niños de las tumbas - (Luis Illana)" style="width: 374px; height: 264px" height="264" alt="Los niños de las tumbas - (Luis Illana)" src="http://elabrazodeloso.es/taller-literario/wp-content/Niños%20tumbas.jpg" width="374" align="left" />Había un rebullir en el pequeño cementerio, en el ala más antigua, donde los rayos de la luna y el polvo eléctrico nocturno resbalaban como una lengua contra las tumbas y los panteones más decrépitos. Aquellos que, recomidos por la hiedra seca, la erosión de los insectos, la herrumbre y la descomposición del tiempo, fabricaban sombras danzantes sobre la arena húmeda (guardiana eterna de secretos subterráneos).</p>
<p>Había un rebullir. Risitas de cascabel serpenteaban junto a manos y pies desnudos que reptaban inquietos en pequeños enjambres. ¿Serían niños?. Los profundos surcos que infectaban sus manitas les daría, acaso, aspecto de viejos desnutridos medio devorados por la lepra. Las moscas que pugnaban por profanar sus ojos bailaban frente a ellos en un ritmo epiléptico y necrófago. Sus ropas, a modo de sudarios carcomidos que se pegaban a su piel fibrosa y huesuda, no eran sino la huella impía del tiempo libre de los gusanos; y los cabellos enmarañados (casi pelucas de guiñol), caían sobre sus rostros otorgándoles misterio a unos ojos febriles y brillantes de un rojizo felino.</p>
<p><span id="more-218"></span>¿Qué hacían?. ¿A qué jugaban?. Había un sentido para todo aquello. Un chillido ahogado significaba una pequeña lucha. Encontrar un huesecillo, de indudable procedencia, provocaba una oleada de gruñidos y risas entre remolinos de manotazos para hacerse con el preciado trofeo. El más afortunado introducía el hueso en un cubilete, lo sacudía y lo lanzaba al aire. Luego vuelta a empezar hasta que aparecía un pedazo de osamenta más irresistible.</p>
<p>Los pies, llenos de arena, se abrían paso entre las cruces de piedra y las coronas de laurel marchito, huyendo a veces del mordisco furtivo de algún roedor invisible. Si es que las ratas se atrevían a entrar allí. ¿Pero&#8230; y si no fueran ratas?. Incluso de vez en cuando las tripas revoltosas se enmarañaban entre los rastrojos y la malahierba provocando lacerantes tirones a los más intrépidos.</p>
<p>Sólo era un juego.</p>
<p>Un juego de niños.</p>
<p>De pronto surgió una figura de la obscuridad. Y el cubilete de los huesos voló por los aires. Las risas se transformaron en chillidos apagados. Corrían juntos. Ahora tocaba huir de la disciplina, de la ley, de aquella presencia adulta, muda y terrible.</p>
<p>Cubierto con una especie de túnica blanca manchada de sangre, como la tela del delantal de un carnicero, y que le cubría la cabeza en un capuchón y las piernas sólo hasta las rodillas. Más abajo, sus pies desnudos se clavaron en la arena para inmediatamente lanzarse en grotescas zancadas contra los niños de las tumbas. Sujetaba una especie de látigo egipcio en su mano derecha, de una sola punta, casi inflexible aunque perversamente afilada.</p>
<p>Fue el principio del pánico. El látigo cortaba la noche, centelleando hasta encontrar algún trozo de carne. El demonio seguía mudo mientras los alaridos rasgaban el alba. Educando a su forma, la única: la ley de la cripta cuando se acerca el amanecer.</p>
<p>Mantente al margen.</p>
<p>Y escóndete.</p>
<p>Te reconfortará el hecho de escucharles a lo lejos. De lo contrario, quizá estén cerca de donde tú duermes.</p>
<p> </p>
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		<title>Entre las manos &#8211; [Laura Escuela]</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Mar 2010 15:49:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>info</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[No te encierra el horizonte como a las líneas de los mapas no te tengo entre las manos con la dosis exacta que marcan los prospectos ni con el desorden hondo de tu pelo mojado no te tengo entre las manos me aturde la quietud de las baldosas pareciera que en tu presencia palpitaran las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image215" title="Entre la manos - (Laura Escuela)" style="width: 312px; height: 361px" height="361" alt="Entre la manos - (Laura Escuela)" src="http://elabrazodeloso.es/taller-literario/wp-content/manos.jpg" width="312" align="right" />No te encierra el horizonte</p>
<p>como a las líneas de los mapas</p>
<p>no te tengo entre las manos</p>
<p>con la dosis exacta que marcan los prospectos</p>
<p>ni con el desorden hondo de tu pelo mojado</p>
<p>no te tengo entre las manos</p>
<p>me aturde la quietud de las baldosas</p>
<p>pareciera que en tu presencia</p>
<p>palpitaran las alfombras y los cuadros</p>
<p>flamearan las mesas y las sombras</p>
<p>pero se ha acabado el té</p>
<p>no te guarda el aroma de las tazas</p>
<p>me acosa la inercia de las horas en las venas</p>
<p>te vas y es como si jamás hubieras existido</p>
<p>no te tengo entre las manos</p>
<p>y me trago el aire como antes tu saliva</p>
<p>apuro todos los vasos en los que vertiste tus noches</p>
<p>desato mi ropa</p>
<p>amordazada de frío</p>
<p>y apuntan todas las flechas al vacío de mi estómago</p>
<p>a mis ojos desnudos</p>
<p>oprimidos</p>
<p>tras todos los dedos que me sobran</p>
<p>si no tengo tus manos</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El Limpiabotas &#8211; [Pedro José Pérez]</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Mar 2010 00:40:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>info</dc:creator>
				<category><![CDATA[Narrativa]]></category>

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		<description><![CDATA[Don Jacinto Viruela Merchante recorría las calles de Madrid después de muchos años de ausencia. Años donde el mundo era pequeño para él. Londres, New York, París, Estambul, Doha, Ottawa, Chicago… multitud de ciudades escrutadas por sus pies, horizontes eternos de penumbra en su paraíso personal. Este deambular sinfín le hacía cada vez más lejano [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image214" title="Foto: Natalia Perez Angulo - www.mundofotos.net/usuario/nostalgica" style="width: 379px; height: 271px" alt="Foto: Natalia Perez Angulo - www.mundofotos.net/usuario/nostalgica" src="http://elabrazodeloso.es/taller-literario/wp-content/limpiabotas.jpg" align="left" />Don Jacinto Viruela Merchante recorría las calles de Madrid después de muchos años de ausencia. Años donde el mundo era pequeño para él. Londres, New York, París, Estambul, Doha, Ottawa, Chicago… multitud de ciudades escrutadas por sus pies, horizontes eternos de penumbra en su paraíso personal. Este deambular sinfín le hacía cada vez más lejano a sí mismo, siempre estuvo esperando el momento exacto en que ahora se encontraba, deslizándose por las aceras de su grato corazón, compartiendo sus bocanadas de oxígeno con sus antiguos convecinos. Aquí todo comenzó.</p>
<p>Llega al punto neurálgico de la capital, al kilómetro cero, las lágrimas lacrimales empiezan a secretarse continuamente por sus ojos, saca un pañuelo, su pañuelo de lino de la suerte, y se los limpia mientras sus recuerdos empiezan a acudir a su imaginación para trasladarle 50 años atrás.</p>
<p>Madrid. Año 1959. Sus calles céntricas son un continuo ajetreo de viandantes y devenir de Seat 600. Estamos en la calle Gran Vía esquina con Chinchilla, apoyado en la pared con un pie en la banqueta, con la boina cayéndole tímidamente hacia delante, sus manos callosas llenas de betún -en la derecha un viejo cepillo con las púas destrozadas por el intenso uso y su vetusta bayeta en la mano izquierda- sobresale la lánguida figura de Jacinto, esperando la entrada en acción, la salida de la toma del vermú de los señoritos.</p>
<p><span id="more-213"></span>Huérfano de padre y madre, desde los cuatro años, vive en una humilde casa de la Ronda de Toledo junto a su abuela paterna, su queridísima Ángeles. Sus padres fallecieron por las miserias de la postguerra, según su abuela “murieron de hambre y pena”. A los seis años empezó su ya dilatada carrera como limpiabotas, introducido por su vecino y gran amigo de correrías infantiles, Iván. Los dos en esos años de postrera madurez trabajan de sol a sol, con una constante maraña de pies en sus banquetas, rápidamente se hicieron con su “esquina”, donde poco a poco se iban labrando una buena reputación. Su juventud, desparpajo e intereses por sus interlocutores, les hacían tener bastante clientela, los señoritos de más alta cuna les llamaban “los dos chupetes de la Gran Vía”, nombre que se extinguió lastimosamente por una gran tragedia.</p>
<p>Las bandas juveniles de carteristas poblaban en mayor cantidad que los limpiabotas la calle Gran Vía. Esperando en las sombras a la salida de las carteras y con su vista de águila detectar los billetes de más alto valor para darlos caza. Eran unos serafines de la cruel maldad, impiadosos ante sus semejantes de edad. Iván era el látigo de estos viles réptiles, no los tenía miedo y él mismo le mató.</p>
<p>En un atardecer del impoluto mes de junio, Jacinto tuvo que recoger sus artilugios antes de lo esperado. Su abuela en las postrimerías del alba, enfermó, y la intranquilidad de Jacinto apremió más que el jornal, partió a su cálido hogar al entrañar la visita diaria de la abuela. “Un simple cambio en una rutina puede dar lugar a una gran desgracia”, pensó Jacinto, después de tener asimilado los hechos que se dieron lugar a posteriori de su partida:</p>
<p>Siempre al ocultarse el sol y cubrirse la ciudad en oscuridad, Jacinto e Iván, partían hacía sus respectivos hogares en mutua compañía, parte por charlar de las anécdotas del día y mayor parte por seguridad. Las bandas de carteristas siempre asaltaban a los limpiabotas al terminal el día y cuando iban en soledad, no tenían valor de sobrepasar la unidad, aunque fueran en grupos de bastantes serafines. Iván no los tenía miedo, y por ello decidió quedarse a la marcha de Jacinto, convenciéndole: “tranquilo amigo no tendrán valor con Iván el Terrible”. Cruzaba la calle Toledo cuando sintió una mano sobre la bolsa del recaudo, de reojo sintió una sombra que se disponía a sobrepasar su cuerpo y un acto reflejo instantáneo un impulso a un movimiento rápido de su pierna izquierda, zancadilleando a su avispado ladrón, recogió la bolsa y se disponía a marchar cuando se le abalanzaron tres nuevos malditos serafines. Los zarandeos, empujones, puñetazos y codazos, pasaban de cuerpo a cuerpo, hasta que la suma desgracia llegó. El serafín jefe, espoleó a sus compañeros de fechorías a fustigarle sin parar, concluyendo con un golpe seco de la cabeza de Iván en el borde de la acera y un interminable goteo de rojo muerte rellenando las grietas del asfalto.</p>
<p>Fue el primer día triste de Jacinto, la muerte de sus padres no permanecía en sus recuerdos, las lágrimas inundaron su almohada durante noches en vela. Un día despertó y a los diez años comprendió su pronta entrada a la madurez. Desde entonces los señoritos empezaron a llamarle “el anciano limpiabotas”.</p>
<p>Cada año que pasaba su fama iba aumentando equitativamente con sus conocimientos, los señoritos de más alta cuna, los más bohemios y cultos, se acercaban desde los rincones más amplios de la ciudad de Madrid para conocerle, para hablar con él, para conocer de sus múltiples anécdotas. Su fama se extendía, no conocían muchacho de mayor inteligencia y despierto.</p>
<p>La gente hablaba y hablaba sobre él. Empezó a interesarse por todas las historias de sus interlocutores, sumar y sumar datos en su cabeza e ir aprendiendo sobre ellos.</p>
<p>La vida de Jacinto avanzaba, tanto económica como interiormente, hasta que una segunda desgracia sobrevino en su vida. La muerte de su abuela. Enferma desde hace unos meses no le pillo de sorpresa pero si le sobrevino el mundo encima, no por la soledad que le iba a venir, sino por el único apoyo que tenía. Días de infausto recuerdo vinieron, la calma del demonio intervino en su espíritu y periodos de reflexión llenaron su alma. Tenía ahorros suficientes tras ocho años de duro trabajo para sobrevivir, un hogar que entre su abuela y él habían conseguido encontrar la luz de la más pura naturaleza, y sabia que muchos días de total plenitud vendrían en un futuro muy cercano.</p>
<p>A la edad de catorce años Jacinto encontró ese golpe de suerte que cambia todas las vidas, demasiado temprano pero dada su temprana madurez, a lo mejor bastante tarde. El simple y mero hecho de encontrar su futura vocación, fue el impulso de hacerle lo que hoy en día es, el hombre más importante de nuestro país.</p>
<p>Apareció un señorito y empezaron a hablar, él le contaba lo bien que le iba a su padre con el negocio de la exportación de zapatos. Entonces la luz se hizo en la mente de Jacinto, su educación estaba detrás de ver todos los días multitud de zapatos, ocho años de temprana madurez ejecutando pensamientos sobre como a él le gustaría un zapato cómodo, elegante y atrayente. La mayoría de los que veía no les atraía, y sus noches de sueño discurrían entre modelos de zapatos. Descubrió su vocación. Ser un maestro zapatero.</p>
<p>¿Quién mejor que un limpiabotas para saber los distintos modelos de zapatos?, ¿cuántos modelos de zapatos, de distintas escalas sociales sus ojos descubrieron en el transcurso de esos años?</p>
<p>Encontró su vocación y en los siguientes años se empleo a pleno pulmón en satisfacer su nuevo ego personal, donde sabia que le llevaría a la cumbre. Trabajando a plena luz del día, diseñando a plena oscuridad de noche, sólo con el alumbrar de las velas.</p>
<p>Transcurridos los años empezó a diseñar los zapatos de sus “amigos” señoritos, la voz se recorría por toda España, y dado el escalafón social de sus clientes por toda Europa, empezando un gran negocio de marroquinería.</p>
<p>A la edad de 21 años desapareció de Madrid y hasta el momento actual no volvió, estaba en la cumbre de la sociedad española, el hombre más rico e importante, el mayor exportador de la industria hispana.</p>
<p>Llegó a la calle Gran Vía esquina con Chinchilla, a sus 61 años se arrodillo, cogió su pañuelo de la suerte de lino, paso un viandante y le pidió limpiarle los zapatos. De nuevo se encontró así mismo.</p>
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		<title>Desamor &#8211; [Galilea]</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 18:17:25 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Jamás estuviste tan lejos de mi. Ni siquiera cuando no sabía de tu existencia. Y veo cómo te marchas sin querer ni poder hacer nada por romper en mil pedazos este muro de cristal que se ha erguido entre nosotros. Y mis manos se posan en él; estas manos con las que desearía arrancar de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image212" title="Desamor - (Galilea)" style="width: 292px; height: 307px" height="307" alt="Desamor - (Galilea)" src="http://elabrazodeloso.es/taller-literario/wp-content/desamor.jpg" width="292" align="right" />Jamás estuviste tan lejos de mi. Ni siquiera cuando no sabía de tu existencia. Y veo cómo te marchas sin querer ni poder hacer nada por romper en mil pedazos este muro de cristal que se ha erguido entre nosotros. Y mis manos se posan en él; estas manos con las que desearía arrancar de mi aquel corazón vacío que un día puse en las tuyas esperando que regresara lleno de sueños e ilusiones.</p>
<p>Y te veo marchar, con tu educada sonrisa adornando tu rostro; con tus ojos de paz llenos de miradas vacías en las que jamás me viste. Y en mis oídos suenan aún tus palabras llenas de mentiras que todavía creo, que quiero creer para no odiarte. Y te amo. Te amo tanto como me odio a mi misma por hacerlo. Y me odio por provocar en tí tanta desidia, tanto hastío y sobre todo&#8230; tanto cansancio por soportar sobre tus hombros la pesada carga de mi cariño.</p>
<p>Y te veo marchar en silencio y mis ojos no pueden apartarse de ti porque saben que será la última vez que te contemplen. Y un dolor agudo castiga mi pecho al pensarlo. Mis ojos destilan lágrimas de licor amargo que llegan hasta mis labios que aún se queman con el recuerdo de tus besos de puro hielo. Y mi cuerpo entero arde con tus caricias que aún siento, como una pasión fingida, como un amor de papel mojado que se deshace con apenas rozarlo.</p>
<p><span id="more-211"></span>Y me culpo a mi misma por verte marchar. Y me pregunto mil veces en qué te fallé. Y permanezco estática, casi inerte, con mis manos frías y las mejillas encendidas de pura rabia hacia mi misma. Y sólo acierto a entreabrir mis labios, intentando que el aire consuele esta presión, sintiéndome un pez fuera del agua, aferrándome en cada respiración a la vida, esa que te llevas en tu mirada, en tu sonrisa y en tu piel como una fina capa de polvo dorado que sacudes fácilmente.</p>
<p>Y te veo marchar, con tu aire bohemio e independiente, sediento de libertad, con la despreocupación acariciando tus sienes. Y un torbellino infinito de sentimientos encontrados bloquea mis sentidos. Porque te amo tanto como te odio, porque cuanto más te alejas más te quiero a mi lado, porque aunque no quiera, sólo puedo desearte suerte y dejarte ir, y verte marchar; despacio, tan despacio como me fuiste ganando y tan rápido como quisiera olvidarte, más bien, como quisiera aprender a vivir sin ti.</p>
<p>Y te veo marchar, y sólo puedo agradecerte que entraras en mi vida y que me dedicaras un poco de tu tiempo, que endulzaras mis sentidos llenos ahora de amargos recuerdos que quiero por siempre mantener vivos y quiero matar evitando así que sigan doliendo. Porque tus rosas tienen más espinas que pétalos; finas y agudas que me atraviesan entera para acariciarme después con su perfume haciendo que el dolor se atenúe.</p>
<p>Y te veo marchar, y se que debo dejarte ir y esperar solamente que si algún día lejano mi recuerdo llega a ti, sea con una sonrisa con la que lo recibas y no lo apartes de tu mente con hastío.</p>
<p>Y te vas, y ya apenas distingo tu figura en la lejanía. Y tu cara se me desdibuja de tanto pensarte. Y aquí me quedo, y aquí te quedas conmigo, porque siempre estarás en mi, porque siempre esperaré tu regreso, ese que nunca llegará pero que necesito creer. Y aquí te quedas, en mi mente, en mi alma, en mis labios, en mis manos, en mi piel, en mis sentidos, en mi recuerdo&#8230; en mi silencio&#8230; aquí te quedas&#8230; y&#8230; te veo marchar.</p>
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		<title>Encuentro con el Conde (Recuerdos de Bucarest) &#8211; [Yolanda Barreno]</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Jan 2010 21:54:19 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Un cálido día del mes de mayo, tres valientes amigos y yo pusimos rumbo a Bucarest en pos de uno de nuestros grupos de música favoritos, prácticamente el único por el que somos capaces de cruzar media Europa. Pero, ¡ay!, nuestra mala suerte quiso que el cantante cayera enfermo y el concierto fue suspendido. No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image209" title="Encuantro con el Conde - (Yolanda Barreno) Foto: Yolanda Barreno" style="width: 269px; height: 344px" height="344" alt="Encuantro con el Conde - (Yolanda Barreno) Foto: Yolanda Barreno" src="http://elabrazodeloso.es/taller-literario/wp-content/Dracula.jpg" width="269" align="left" />Un cálido día del mes de mayo, tres valientes amigos y yo pusimos rumbo a Bucarest en pos de uno de nuestros grupos de música favoritos, prácticamente el único por el que somos capaces de cruzar media Europa. Pero, ¡ay!, nuestra mala suerte quiso que el cantante cayera enfermo y el concierto fue suspendido.</p>
<p>No importa -nos dijimos- ya que estamos aquí, aprovechemos para hacer turismo.<br />
Y dicho y hecho. Turisteo por aquí, turisteo por allá, cervecita por aquí, cervecita por allá… hasta que la noche nos sorprendió y los rugidos de nuestros estómagos nos indicaron que debíamos probar la comida local.</p>
<p>Puestos a &#8220;hacer el guiri&#8221; y con la euforia de hacer &#8220;la turistada&#8221; completa, acabamos frente a la siniestra puerta situada bajo un cartel que rezaba: &#8220;Drácula&#8221;. Unos aldabonazos después, un joven mayordomo nos recibía y daba acomodo en un oscuro comedor de manteles rojos, polvorientos candelabros, y una decoración que trataba de emular el más tétrico de los castillos…</p>
<p><span id="more-210"></span>De repente, mientras degustábamos algunas de las especialidades transilvanas y unas buenas copas de &#8220;roja sangre&#8221;, las escasas luces de la habitación se apagaron de pronto y una inquietante carcajada se dejó  oír en los sótanos del edificio… Una voz cavernosa comenzó a ascender hacia nosotros, una tenue luz se acercaba cada vez más, y más., y más… y el Conde Drácula en persona hizo su dramática aparición ante los ojos de los comensales…</p>
<p>Mientras de su boca salían las inmortales frases de Bram Stoker, y su rostro adquiría el color de la cera iluminado por las velas de su candelabro, el Conde me miró fijamente, se dirigió hacia mí clavando sus ojos en los míos, y me tendió la mano invitándome a acompañarle…</p>
<p>Me condujo hacia las profundidades del castillo, siempre declamando, atravesando salones atestados, hasta llegar a la pasarela que daba acceso a sus aposentos.</p>
<p>Y allí, en lo alto de la misma, mientras montones de flashes parpadeaban bajo nosotros, me cogió la cara con firmeza, me miró intensamente y… ¡me mordió el cuello fresquito!</p>
<p>Todo hubiera sido muy tétrico si no fuera porque, en vez de desmayarme,  me dio un ataque de risa y le estropeé el numerito jajajaja.</p>
<p>Muerta de risa, volví al comedor donde mis amigos me esperaban agazapados y provistos de espadas y murciélagos que quién sabe de dónde habían sacado.</p>
<p>Unos cuantos sustos más tarde, y después de una cena divertida, decidimos abandonar el castillo y volver al hotel. Mas ¡oh!, ¡éramos incapaces de abrir aquella puerta!, ¡estábamos atrapados! El camarero, muy en su papel de Igor, se acercó sigiloso y nos dijo:</p>
<p>&#8220;No preocuparse, yo abro: ¡es una puerta mágica!&#8221;<br />
Y el portón se deslizó dejando el paso franco a la calle.</p>
<p>¡Ah! -exclamamos nosotros al unísono- No es mágica: ¡es corredera!<br />
Y, entre risas, abandonamos al Conde para siempre…</p>
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